martes, 15 de junio de 2010

(El materialismo filosófico) ;;

Respecto del materialismo tradicional el materialismo filosófico tiene como rasgo común la negación del espiritualismo, la negación de la existencia de sustancias espirituales. Pero no reduce por supuesto el materialismo a un burdo corporeísmo, como de hecho sucede con otros materialismos. El materialismo filosófico admite la realidad de seres materiales incorpóreos: la relación real (no mental) de la distancia que existe entre dos botellas de agua que están encima de una mesa es tan real como esas dos botellas corpóreas; esa distancia es material incorpórea, y nada tiene de espiritual.

Para romper el círculo vicioso (sustancia espiritual es la sustancia no material, y sustancia material es la no espiritual) el materialismo filosófico introduce la idea de la Vida, definiendo la sustancia espiritual como «sustancia viviente incorpórea». El materialismo en general (así reinterpretado frente a variantes groseras) y el materialismo filosófico en particular, «niega la existencia y posibilidad de sustancias vivientes incorpóreas».

Además el materialismo filosófico «niega el monismo», por cuanto defiende el pluralismo ontológico, pluralismo que no se reduce al reconocimiento de las diferencias entre los seres, sino a la afirmación de que entre éstos hay discontinuidades irreducibles (acogiéndose al principio de discontinuidad implicado en la symploké platónica, según la cual «no todo está relacionado con todo»); y en esto se diferencia del monismo materialista tradicional que, como el monismo teológico holista, defiende que «todo está relacionado con todo».

El materialismo filosófico «también niega el corporeísmo», porque, además de las realidades corpóreas (que se incluyen en un primer género de materialidad) reconoce la realidad de un segundo género de materialidad incorpóreo, pero temporal (por ejemplo un dolor de cabeza), y de un tercer género de materialidad inespacial e intemporal (como pueda serlo un teorema matemático).
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Raul Dumitrescu

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